lunes, 1 de agosto de 2011

no me tires lun fardo

-No seas cachibache, deja de berrinches que quiero torrar, me decías con tu gastado malhumor de ensueño. Ni te percataste que estaba hecho una piltrafa. Me tenias como un papanatas que pide a tientas acurrucarse en tu brazos por miedo a las cucarachas que se pasean de cuclillas y a sus anchas.
No era un miedo pastiche, ni un mamarracho de tristeza lo que de mis ojos se precipitaba, y en mi jeta se anunciaba. Tan pronto te rajabas a tus pagos, mi alma se rajaba con el cobro, denunciaba el vacio. No existe curandera ni bruja que me saque tu gualicho, ni me cure el mar de ojos. Me queda la modorra

jueves, 14 de julio de 2011

Calzado de esta vida a medias



-Me calzan tantos años oliendo el mismo pegamento.
-Es porque suelas zaparte todo el día encerado ahí, y no pones un pie en la calle ni por putas. - Insistía su mujer.

Sin embargo él taco vencido que no pudo elegir. Que su destino estaba escrito de antepie. Por eso el fastidio de sentir que eso que lo definía, lo agobiaba por no haber arriesgado otra vida. Le pisaba los talones.
Bota cada consejo que se le ofrece, pero todos saben que su pensamiento rumia cada noche en que sus ojos se mantienen fijos en el techo. No hay plantillas para dormir que le hayan hecho algún efecto, ya curtido por aspirar adhesivos durante lustros.
En esa especie de limbo mental nocturno comprendió la ridiculez de reparar, siempre, para que otros puedan tener los pies en la tierra, mientras el se vuela, haciéndolo. Esa idea le cayó como una patada, y le lustro el camino para dar el primer paso.
Así zapatastroso como estaba, lleno de grasa y pegamento, tomó el dinero recaudado, abrió la puerta que da a la calle.
Miró la acera, se arrimó hasta la calzada, buscó un tenue rayo de sol que se colaba por los árboles, y se sentó en el cordón durante unos segundos. Se tomó el tiempo para empezar a respirar otros aromas, se puso de pie y echo a correr con su botín. Huyendo de su destino.

sábado, 2 de julio de 2011

Nostalgiata en Soy mayor




Lo unico que le parece constante es el río. Crece, baja, se pica, pero siempre mantiene el mismo color, la misma correntada, los mismos sedimentos. Quizas por eso tiene la costumbre de regresar cada domingo al borde de las escalinatas, movido por el deseo de encontrar alguna familiaridad ante tanta voragine de cambios de una ciudad que cada vez cree menos propia. Entonces, su mirada se posa un tiempo hacia allá, al horizonte dibujado por las islas y su vegetación, y otro rato hacia acá, donde desborda un parque de niños, familias, parejas y turistas.
Mucho tiempo el puerto le habia negado ese lugar para el ocio contemplativo, porque su destino era hombrear bolsas de cereales durante todo el dia, y luego montar su bicicleta de regreso a su casa. El río era uno mas de los aliados del patrón, que traia sin piedad barcos extranjeros que cargaban, con gula monstruosa, los cereales de estas tierras. Le exigian rapidez, asistencia, eficiencia, fuerza, responsabilidad. Él, al tiempo que agarraba una bolsa, se mordia los labios.
Es por eso que no se entiende su nostalgia, o que fuerza, demasiado esquiva a sus razonamientos, lo devuelven cada domingo a este sitio. Y es por tal cosa que a veces su mirada parece perdida.
Sin embargo, necesita llegar al último escalon, en busqueda de una perspectiva, o de la altura necesaria para su plan.
Cada vez que llega, intenta engañar a sus recuerdos, convenciendolos que los trae al encuentro de sus historias lejanas. Cuando advierte desprevenido a uno, lo invita a salir por las arrugas de su frente, o a veces por la iris de sus ojos. Lo aferra entre sus manos, con la misma firmeza con que sostiene el manubrio de su bicicleta, estira todo su brazo hacia atrás, cierra el puño, lo arrroja con todas sus fuerzas. Todos caen al río, y ninguno, hasta ahora, supo nadar. En ese ahogo premeditado, el se siente mas liviano, como si pudiera flotar.

jueves, 30 de junio de 2011

Está tu agua en mí



-Cerca, cerca, un poco más abajo.
-Pica, pica, ahí es, sí, seguí!!. -Que pena, no me escuchas.
Y pensar que podría decirte donde soy mas sensible, donde me gusta que me rocíes. Vos, sin embargo, tomas tu trabajo como una tarea mecánica. ¿Cuanto antes terminar mejor, no? Seguro te mandaron con el propósito de blanquearme, nunca habras escuchado de tu jefe algo como: -Escuchemé Gomez, peguele una ducha a la escultura de Lola Mora, que debe estar agobiada de calor.
No creo que hayan tenido semejante sensibilidad. Me dejarás muy blanca, eso sin duda, sin mierda de palomas, sin hollin, sin moho. Seré digna de admiración de locales y turistas, algunos repararán en mi por primera vez, por el brillo, el lustre, el marmol italiano o la blancura o que se yo porque carajo.
-Fotos, fotos, sonrisas, que más acá que no salgo, que un poco mas a la izquierda, que en automático asi salimos todos. Si, si, ponganse, ubiquense, digan whisky. Que acá yo, impoluta y firme, me ofrezco como simple recuerdo de viaje.
Me pregunto: ¿esta tu álbum completo? ¿Está tu ausencia retratada? ¿Esta tu abuela en la foto familiar? ¿ ¿Esta tu afición desarrollada? ¿Esta tu asiento reservado? ¿Estatua?

-¿Un chorro fuerte en la espalda sería mucha molestia? Estoy un poquito tensa, necesito unos masajes.

jueves, 16 de junio de 2011

Danza Muda



De acá para allá lo tenian al turco Adum Aznad. Como bota sin valija.
Para no ser funcional a los burrocrátas, utilizó la táctica de hacer todo vaso a vaso, sin apunarse. En cada trayecto trataba, abyecto, de cargar parte de sus cosas. De camino, tomaba una pausa amena y una caña con menta, en algun bar. Lo primero que cargó fue una muda de ropa.
Al llegar a destino podaba la ruda que lo separaba del vecino, anudaba la mopa -para limpiar la inmundicia del inquilino anterior, entre otras casas.
Una mundana cavilación lo moderaba. El vil azar ya le habia cobrado un peaje nada modico a sus medidas indulgentes. Tenia don de gentes, pero no se sentia, aún sin techo, un indigente.
Maduraba su duda mientras él mendigaba modestias en un mundo mediocre. Le dolia la medula durmiendo, haciendo esfuerzos, cargando trastos. Acosado por la urgencia, lo mandaban a modificar medianegras en los registros catrastrales, en las inmunbiliarias, en los describanos púbicos.-
Tenia todos los papeles y aún asi no podia empezar a empapelar, pensaba en el papelón si alguien lo viera durmiendo a la intempestad, acurrucado en papel de diario.
La ansiedad parecia no acabar, la amenaza de un nuevo tramite se cernia en su rostro, en sus narices, en sus pupilas. De sus manos se escabullia la habilitación, de su cuerpo, la habitación.
Al letra fina de los contractos lo enardecia, lo envalentonaba, no tanto para exigir sus derechos, sino para levantar la mano hacia el mozo: -Jefe, otra medida.
-Otra medida, no tomo varias ya, turquito?
-Si, pero ahora quieren que mida el contrafrente, vos podes creer que reverendos hijos de puta estos municipales.
-Estas jodido turco, que te puedo decir, me dejas mudo.
-No te preocupes, macho, que yo les hice frente, me harté.
-Que bueno, chee, ¿y resulto?
-Si, hice frente e interiores y me mude. ¡Al fin!. Que del contrafrente se ocupen ellos, manga de cretinos!!

sábado, 4 de junio de 2011

A ruinas



A ruinas
Él sacó el equipo de mate y empezó a prepararlo. Ella lo miró, siguió el movimiento de sus brazos, para luego inclinar su cabeza hacia arriba. Comenzó a hablar:
-¿Vos podes creer? Parece que el tipo se empeñara en boicotear todo lo que construimos juntos.

Hubo un silencio breve, se mordió los labios, estiro la mano alcanzándole la yerba, con la mirada en el mismo lugar, siguió:
-Se subió al carro de la modernización, con sus ínfulas de arquitecto posmo. Fijate, por decir, le ruego claridad y él diseña vidrios y ventanas. Le digo lo incómoda que me pone su indiferencia y me habla de muebles ergonomicos. Le pido que veamos nuevos horizontes y dibuja balcones. Le reclamo su falta de pasión conyugal y distribuye las escaleras para incendios. Le planteo mis inseguridades y revisa las salidas de emergencia. Le expreso mis nostalgias, esos tiempos donde con solo una mirada sentiamos que tocabamos el cielo con las dedos, y el cretino, obvio, enumera los pisos de su obra majestuosa.

Se detiene para beber el primer sorbo de mate, continúa:
-Ahí la tiene, puto faraón obediente del capitalismo sojero, se regodea como si se tratara de su propio falo. Infla su pecho de elogios hipócritas mientras con sus brazos dirige, muestra, explica. Los gerentes y esa manga de gobernantes estupidizados miran hacia arriba y aplauden. Él sonrie. Su ego, su falo, su edificio es lo que salta a la vista, pero ya te digo, como esposo es un reverendo hijo de puta, creeme.

Vuelve a introducir la bombilla entre sus labios, y agrega:
-Sin ir mas lejos, ¿ves aquel zaguan? Fue complice de nuestros primeros encuentros, pero te aseguro que mañana será el césped donde transiten esos zapatos 100% cuero vacuno. Mirá que hay que ser insensible, eh?. Que no me venga, por faaavor. En suma, ese amor que nos unió, ya te digo, hoy se fue enterrado junto con un par de escombros.
Recién en ese momento ella vuelve a posar sus ojos en los de él, al tiempo que saca un churro de la bolsa de papel:
-Ay, perdón si te quemé la cabeza, pero necesitaba descargarme. -¿Me rascas, cielo?

-¿Te parece? ¿Y si nos ve?

-No te preocupes, esta demasiado ocupado en su rascacielos.

jueves, 2 de junio de 2011

Tú, él, tunel



Si ya no queda nadie, es porque todos huian al borde del tunel, creidos en eso de que solo al final estan las luces. En aquel vacio, vos preferias transitar a paso lento, sin medir peligros. A tus ojos le bastaba esa tenue claridad venida del techo. Te fascinaba la idea de una soledad subterrena, y sentir que en ese mismo momento, en la superficie, la cotidianeidad abrumaba a los paseantes, a los perros, a los vendedores de pororó, a los deportistas, a las palomas.
En ese tiempo hecho de un instante, vislumbrabas un espacio propio, y gritabas con toda tu fuerza porque creias que el eco haria huir tu alma de los pliegues de tu cuerpo, para contestarte desde las paredes.
Un día me llevaste, me invitaste a ser parte de tu ensoñación. Traté de encontrar la alquimia que me uniera a lo que tu mismo lograbas sentir. Cerré los ojos, tu me tiraste del puño de mi saco, que me quedaba un tanto grande: -Grita ahora!!. Tomé aire desde el pecho, desde mis cuerdas vocales salió tu nombre, y en simultáneo, desde la ventanilla de un coche, otras cuerdas vocales acotaron: -Correte pedazo de pelotuuudo!!!. Mi alma se pegó a un parabrisas, para esperarme al final del tunel, que hay mas luz, y paseantes, y perros, y vendedores, y deportistas.